Donnerstag, 2. Oktober 2008

TRIUNFO DE CORREA, Y AHORA QUE?

Por Rafael M. Arteaga



El proceso electoral fue la crónica de un triunfo anunciado. Nadie dudó de ello en ningun momento, y la campaña de la oposición se centró no en rebasar dicha tendencia sino en acortar las distancias entre el si y el no. La victoria -desde mi punto de vista- constituye una voz de alarma al entusiasta presidente ecuatoriano. Recuerdo bien que en su primera consulta (para formar la asamblea constituyente, la misma que se encargó de redactar el texto aprobado el domingo anterior) el nivel de apoyo fue del 85%, frente a un 10% en contra y un 5% de nulos; mas el resultado del domingo anterior fue del 64%. Son 21 puntos menos. Hay quienes se llenan de satisfacción con dicho triunfo, igual que muchos ecuatorianos en el exterior, quienes seguimos con preocupación los sucesos del pais, y nos alegramos al oir en los medios que hay vientos de cambio favorables para la mayoría de la población, algo que durante mi ultimo viaje no pude ver. En estas lineas tratare de resumir cuanto yo experimente durante los tres meses que estuve de vuelta a la tierra: Atuntaqui.

Para empezar dire que me llene de verguenza (sobre todo cada vez que debo presentar mi pasaporte en el extranjero) al leer en la prensa que nuestro pais recibió del organismo europeo Transparencia Internacional la medalla de oro al más corrupto de America. Estamos al nivel de Haiti (lo mismo que en educacion e inversion), Nicaragua y Venezuela! Nada que ver con los triunfos de Jefferson Perez, o el esfuerzo de nuestros compatriotas que se esmeran por una vida mejor aqui o en tierras extrañas. Alguien dira: son exageraciones de la prensa corrupta; al respecto debo escribir que el organismo que nos honra con tal designacion es independiente de cualquier gobierno o tendencia política; para emitir sus informes semestrales toma en cuenta el comportamiento de autoridades como de personas frente a la ley. En sus líneas no hay verbos como robar, hurtar, o sentencias y juicios de valor que pueden dar pie a adjetivaciones, sino que se trata de una enumeracion de hechos que indican tras cada pagina que algo no esta bien -de acuerdo a las leyes de cada nacion; por ello, cuando leí tal noticia, no hice sino relacionarla de inmediato con los sucesos del entorno mas proximo: la pasada campaña electoral.

He aquí algunos clavos: el actual gobierno declaró emergencia nacional en el area de la salud y sin estudio previo se empezó a comprar insumos para proveer a los hospitales bajo el logo: la salud ya es de todos. Yo visite dos centros de salud durante estas semanas y sí, admito que hay mayor atencion de pacientes en los mismos, hay ciertas vacunas y hasta se entrega a las madres las harinas para las papillas de los ninios, aunque tengan un sabor horrible. Pero hubo tambien un detalle: la televisión denuncio que en los patios de ciertos hospitales se procedio a quemar medicamentos. Cómo? La audiencia pidió explicaciones, nadie las dio. Yo pregunte al director de un centro de salud, quien me honra con su amistad desde nuestros tiempos en la U, y la respuesta fue sencilla: se compró medicamentos al apuro a Venezuela, Chile, Argentina, Cuba, sin saber dónde y que faltaba y cuando estos llegaron, se distribuyó a tientas a fin de quedar bien con la oferta de campaña. O por lo menos hasta pasar esta etapa. Solo que gran parte de esta importación, o porque vino cerca de caducarse o porque las condiciones de almacenamiento fueron deplorables (enviar vacunas a la costa, donde los centros medicos carecen de frigorificos adecuados) se echó a perder. Un odontólogo me dijo en cambio que en su sección hay de 70 a 100 pacientes por día haciendo cola para una simple calza o la estracción de una pieza dental. Y la calidad del material? El lo resumió así: -Rafael, pongo polvo, polvo traído de Cuba, porque calzar con productos adecuados tiene un costo, y ello se trae de Alemania o Noruega. Al fin de cuentas aquí es gratis. -Y cuanto tiempo les dura una calza? -A varios de los que ves haciendo cola les sacare las piezas podridas! Y de estas declaratoriass de emergencia van como 14, si no son mas. Emergencia sanitaria, emergencia vial (y las carreteras que tenemos!), emergencia cultural, emergencia de seguridad (y la delincuencia ha aumentado)... No hay duda de que la idea puede estar llena de las mejores intenciones, pero si no hay planificacion adecuada, transparencia, entonces el panorama se llena de interrogantes.

La nueva ley de transito, mas rígida que en Europa, lugar de donde proviene, fue aprovada por el partido de gobierno, e inmediatamente se la puso en vigor: mas ante los reclamos y amenazas de los gremios del transporte, (iban a paralizar el pais)un ministro la retiro (hasta que pase el referendum).

Alguien dijo: Delincuencia? Inseguridad ciudadana? Ello es un asunto de percepción. Y claro, rodeado de policias que cerraron la via para que el ilustre personaje del gobierno ingrese a un restorante, quien iba a atreverse a interrumpir su almuerzo? Nuestro presidente lanzó una perla al respecto: la delincuencia es obra de la oposición, que no quiere el cambio del pais. Es decir, los asaltos a mano armada, las muertes de cada dia a mano de sicarios estaban en contra de la nueva constitución! El comandante de policia fue de Quito a Guayaquil, e hizo allí su cuartel para combatir in situ la inseguridad ciudadana (otra vez durante la campaña) y los delincuentes hicieron lo contrario, fueron de Guayaquil a Quito.

El trabajo de la asamblea fue redactar la constitucion y punto. Yo, como el 85% de ciudadanos votamos por ello, y no para llenarse de poderes, dictar leyes sin evaluar primero la realidad del país (varios decretos fueron derogados a pocos días de entrar en vigencia), y lo peor, auto prorrogar sus funciones!! Resulta que hoy, abusando de nuestra ingenuidad, apatia y hasta miedo ante los gritos de quienes hoy estan arriba, se quedan ahí, como congresistas. Pero sus labores concluyeron el 26 de julio; por tanto, cualquier acto o resolucion que tomen es ilegal, es arrogacion de funciones, lo que esta penado en la nueva constitución.

El gobierno empeñó su palabra con muchas organizaciones a cambio del voto. Solo bastaba marchar a Carondelet y su inquilino mandaba a todos contentos: estudiantes, choferes, vendedores ambulantes, indígenas... Y que va a pasar luego, cuando empiecen a exigir que se cumpla las ofertas? Los vendedores ambulantes presionan hoy para tomarse las calles y sitios estrategicos para sus negocios. Otros empezaron a tomarse tierras ajenas, pues este es un negocio de larga data: primero se invade, lo que se llama acto posesorio, luego se lotiza, aunque carescan de servicios basicos para erigir una ciudadela. Y cuando ya nadie se preocupa de ellos, entonces venden dichas propiedades y se van a seguir adueñandose de otros sitios. Los cabecillas de tales organizaciones tienen la osadia de trabajar con cualquier gobierno de turno, haciendose pasar como dirigentes barriales. Esta historia la sabe muy bien un ex asambleísta -hoy junto al gobierno.


Se incremenó el bono de pobreza, el de vivienda se duplicó (y esta es otra historia chueca que yo mismo la pude ver con un familiar mío) se entrego focos ahorradores de energía (784 en la provincia de Imbabura (lo leí en el diario El Norte, del 22 de Septiembre). Aquí en Shangai el precio de un bombillo es de US$ 0.33 en la fábrica y en Atuntaqui hubo tremenda recepcion con bandas, ninios de escuelas bajo el sol, alumnos de los colegios (obligados a ir)para las autoridades. La hermana del presidente fue por los suburbios de Guayaquil regalando tazas. A miles se entrego heques simbólicos con creditos para que abran sus micro empresas: 360 dolares. Se subsidió el precio del trigo: el precio internacional era de 42 dolares el quintal; el gobierno compró a Argentina y lo entregó a 22. Adquirió el arroz a 28 (cifra que el impuso a los agricultores, aunque en el mercado estaba a 43), lo vendió a quienes reciben el bono de pobreza a 18 y estos fueron a su vez a venderlo en las tiendas a 38, 40 dolares. Se subsidió la urea, la electricidad, las cartas del telefono. Se despojó de los bienes a los banqueros Isaias (cuando los mas conveniente era negociar un calendario de pagos, propuesta que fue rechazada por el ejecutivo) y hoy tales empresas acusan perdidas (que serán asumidas por el estado!) Nadie quiere entregar leche o insumos a TONI, no hay nuevos contratos en seguros Rocafuerte. Y son más de docientas empresas en manos de nuevos gerentes -nombrados por el gobierno- que desconocen por completo los interiores de aquellos negocios! El ejercito (por orden superior) se hizo cargo de grandes haciendas -entonces productivas-, y hoy en proceso de deterioro: la incautación consiguio sus frutos en votos, porque a los ojos de la mayoria de la gente al fin se hizo justicia.

A cuatro dias del referendum se ordenó alzar salarios a los trabajadores de varios sectores privados, igual ocurrió con los del gobierno. El mandatario, en un trabajo de hormigas, fue por la nacion para poner la primera piedra de colosales proyectos; informado como esta, el sabía dónde poner el dedo en la llaga cada vez que iba a un pueblo, donde sus brigadistas coreaban su nombre y vitoreaban sus discursos. Se abusó de nuestra paciencia al inundar los medios con propaganda oficial, pese a ser una clara violación a la ley: encender el televisor fue un tormento, oír la radio, lo mismo. Y su discurso siempre igual: alla los malos, los pelucones, las gorditas horrorosas, las monias con sotana, los majaderos, los caras de la v... y aquí los salvadores, los que por primera vez ellos y solo ellos, los inventores del agua tibia. La propaganda oficial nos presentaba un reino de sueños, con medicina, justicia, alimento para todos (los pobres, que son votos); con la imagen de un regimen luchando incansable por los mas desprotegidos. Una especie de Robin Hood en los Andes, listo para hacer justicia, quitarles el dinero a los malditos ricos y repartirlo a los pobres.

He visto gastar el dinero publico de modo infame: el edificio construido para redactar la asamblea -un elefante blanco- luce hoy abandonado. Yo vi durante la campania a ejecutivos de corbata y con celular controlando el comportamiento de las cuadrillas de trabajo (muchachitas, hombres y hasta ancianas) bajo la lluvia, o el sol, en los semaforos, en las avenidas, a la entrada de los centros comerciales... Yo pregunte el precio de una camiseta con los colores del partido del gobierno: US$ 1.70 (que es lo que este paga por tal prenda en su proyecto hilando el desarrollo) y hubo y se repartio millares de estas a lo ancho del Ecuador. Un banderín de 80cmx150cm.: 1,20 y las calles estuvieron inundadas del color verde. Es prohibido tomar los símbolos patrios en cualquier tipo de propaganda electoral, y la bandera nacional fue usada como ellos quisieron. Alquilar vallas publicitarias en las avenidas y carreteras, dependiendo del tamaño y ubicación oscila entre 120 y 450 dolares al mes, y de estas hubo numerosas. Por dar un ejemplo, en el trayecto de Otavalo a Ibarra se puede leer: al fin se construira la via de seis carriles, porque la red vial ya es de todos. Pero resulta que desde hace cuarenta años o mas no se amplia ni siquiera a cuatro carriles, pese a la ofertas de los gobiernos de turno. En ese pequeño trecho hay vallas con leyendas como: ya nadie podra quitarte lo que es tuyo, la medicina, el petroleo ya es de todos... El petroleo -con el alza de precios a nivel mundial- ha traido mucho dinero a las arcas fiscales, y se lo usa a discreción de nuestro gobierno para vendernos sus proyectos de patria grande. Pero yo aprendí de mi padre que en tiempos de abundancia hay que invertir -no solo ahorrar. Es esta la idea? El y los miembros de su gobierno responderan ante la historia, y nuestra historia no esta llena de capitulos gloriosos que digamos.

Durante mi estadia en Ecuador, al conversar con grupos independientes, ellos me dijeron que la carta magna redactada por los asambleistas iba a tener luz verde de parte de la mayoría de población. Como dice Rómulo Cuello en su ultimo escrito: si en Ecuador hay un 70% de gentes viviendo bajo los limites de la pobreza, quien se ocupe de ellos, entregándoles aunque sea migajas, estará cien años en el gobierno. Luego advierte que los extremos ideologicos son peligrosos. Si quienes me conocen preguntan si he leído la nueva constitución para hablar asi no mas. La respuesta es sí. Y no creo que un cuaderno lleno de leyes cambie una nacion. Se dice que Angola y Miammar (antigua Birmania) tienen las constituciones mas perfectas (en papel apenas), pero no significa que ambos países hayan subido al tren del progreso (intelectual y economico), porque ello va más alla de palabras escritas, de promesas con chequera en mano y tiene que ver con la actitud -a traves de la educación, no de la domesticación- de su gente; empieza justo con el ejemplo de nuestros gobernantes.

Como padre de tres niños comparto el horror de Rómulo Cuello, cuando pregunta: Que ejemplo estamos dando a nuestros hijos, que patria les estamos heredando! Cómo podemos, luego de pasarnos el día amenazando, insultando con la boca llena de espuma, el alma con resentimiento u odio, llegar a casa y acercarnos a ellos, disfrutar de sus tiernas caricias en nuestra piel, emocionados, dando gracias al cielo, o a quien haya inventado esa palabra que es accion, movimiento, no se habla, el amor, porque allí esta la revolucion, la que empieza en nuestros corazones y se hace fuerte en el hogar con el ejemplo.

Ya vienen las proximas elecciones. Otra vez? Y vendrán más. Y claro que sabemos quien va a ser el candidato y luego presidente; hoy tienen ellos el mango de la sarten y no aflojarán, así no haya agua para seguir friendo la torta. Lo que fue malo ayer, es bueno hoy y como son mayoría creen que el pueblo les dio carta en blanco para interpretar y aplicar la nueva constitución a su antojo. Muchos ecuatorianos en el exterior tenemos los sueños de un país grande, esperemos que igual sean los sueños de nuestro gobernante, y esto que viví no sea más que un trago amargo, propio de una campaña electoral (que ya lleva mucho tiempo).

Mittwoch, 24. September 2008

ENVIDIANDO AL CERDO








Mittwoch, 10. September 2008

EL SILENCIO DE LOS INOCENTES

Por Rafael Marcelo Arteaga
Parte I

Los intelectuales y el estado a partir de 1978.


Mucha tinta se vierte en los medios para tratar este asunto, hay foros, discusiones que llevan a asumir posiciones extremas en los participantes y que fueron motivo de ´divorcios intelectuales´ cuando estuvo en juego la distribución y uso de dineros públicos transferidos a las entidades culturales; un detalle quizás intrascendente para la mayoría de la población, por cuanto la actividad artística desde el estado es un misterio que se cuece en cuatro paredes, con miembros pertenecientes a un círculo selecto de burócratas intelectuales, para quienes la frase rendición de cuentas es tabú. Como es costumbre aquí, los aludidos guardan silencio, igual a los sabios de la india, cuya presencia se la percibe a través de la levitación apenas.
Mas ellos no practican el yoga para alcanzar el segundo nivel de la meditación, ni están en otro lugar que no sea Ecuador, un país con el 65% de su población bajo los límites de la pobreza (1), con el 32% de niños -en los cordones de miseria alrededor de las dos grandes ciudades- sufriendo desnutrición, y de ellos el 21.3% padece de hambre crónica (de acuerdo a los informes de la UNICEF). Con los niveles de educación, inversión foránea, producción interna, acceso a la tecnología más bajos del continente, sólo comparables con Haití, Nicaragua; con elevados niveles de corrupción, (triste consuelo de países en desarrollo), similar a algunos lugares de África, muy cerca de Argentina, sobre Paraguay y lejos, muy lejos de Noruega o Dinamarca. Con altos índices delincuenciales (2) en sus grandes ciudades, comparables a Caracas, México City, o Río de Janeiro, donde ocurren cinco asaltos a mano armada cada hora y siete muertes violentas al día.
Pródigo como ninguno, hasta en el número de constituciones echadas a la basura y de reyezuelos en medio de la pobreza de sus habitantes que, como una maldición gitana, rinde votos en las urnas y consiente a los advenedizos apropiarse de las instituciones y recursos del estado para alimentar su egoísmo y los negocios del grupo económico que les rodea.
¿Cuál fue el rol de los intelectuales en nuestro país una vez terminada la dictadura en 1978? Ellos lucharon por los ideales de su época desde la comodidad del poder, al que accedieron cuando los gobernantes se dieron cuenta que apoyar a las actividades culturales significaba mejorar su imagen ante una clase media con más recursos económicos, que le permitió gastar y hasta exigir nueva variedad de eventos; en una sociedad cubierta de apariencias, el llamado baño de cultura era imprescindible cada cierto tiempo y más cuando la situación financiera del país mejoró de modo considerable a partir de la era petrolera; fue la época precisa para dar el zarpazo y luego retozar -patas arriba- en la plácida yerba, viviendo la gloria de sus primeras obras apenas.
No hablo de otro país, hablo de otro tiempo en el que hubo dinero para todos, igual que hoy, y ello abrió un ambiente favorable para la aparición de una cantidad de intelectuales que pusieron sus ojos en el estado, como si fuera éste una tabla de salvación en medio del naufragio para sus penurias económicas. Les bastó presentar un proyecto y se lo aprobaba sin mucho trámite o estudio, sin una política cultural definida, sin objetivos a mediano y largo plazo. Aquí nació el Departamento de Cultura del Banco Central (hoy desaparecido), el edificio y todas las dependencias de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, (museos, cinemateca, salas de arte, editoriales), la Facultad de Artes (su estructura) y la Escuela de Teatro. Florecieron los grupos de música, de danza, de investigaciones sociales. El mismo Oswaldo Guayasamín comenzó a construir su Capilla del Hombre. Las editoriales del Banco Central, de la Universidad Central, de la Casa de la Cultura dieron a luz a la mayoría de autores de la mencionada época. Los eventos se extendieron por la ciudad y en menor medida por las zonas rurales. Yo mismo, como miembro del grupo de teatro El Telón, disfruté de los aportes del estado a mi actividad.
Comienza entonces una simbiosis entre los intelectuales con el estado. Los primeros piden más espacio para su mundo, más reconocimiento a sus creaciones, y el segundo les concede, a cambio de depender del erario público; así, muchos de la generación nacida entre los años 50 y 60, los cuestionadores de la dictadura militar, pasaron a depender de la voluntad económica del sistema democrático a partir de 1978. Y los que no cayeron en las redes de la maquinaria estatal, (por convicción o falta de padrinos) tomaron el sendero del exilio; en tanto otros abandonaron definitivamente la creación para dedicarse a actividades más productivas.
La consecuencia fue que el intelectual, al tener una relación de dependencia -casi siempre en desventaja- con el estado, perdió su identidad, por cuanto sus actividades estuvieron enfocadas a los intereses de su patrón, y cuando éste amenazaba, hubo poca resistencia. Aquella simbiosis –contra natura- ha sido siempre tortuosa e incómoda para ambas partes; pero más para el artista, que deja de cuestionar, y hasta de producir con disciplina, lo cual es bueno para el sistema, ya que, por un lado, éste lleva a sus mejores exponentes y con grandes expectativas de creación, como una medalla más en su chaqueta, para exhibirlos durante los desfiles o ceremonias; y por otro, esta misma clase intelectual es la encargada de defender el sistema económico que un grupo de poder plantea en las urnas y lo desarrolla durante su mandato.
¿De qué modo? Desde la inmovilidad de una oficina pública; donde el estado –lleno de asuntos concernientes a su supervivencia- presta poca atención a sus vidas incoloras, a no ser por el presupuesto que debe girar cada mes para que éstos se hallen ocupados en las telarañas de la burocracia; mientras ellos, al no recibir suficientes incentivos, como imaginan, dejan poco a poco de innovar sus trabajos, de proyectarse con grandes obras en el difícil mundo de crear: la única carta de presentación que tenían ellos antes de ser reclutados -de modo voluntario- por la maquinaria estatal; y acaban sus vidas –entonces- tras cortinas, ayudando a meter o a sacar la utilería del escenario, de acuerdo al director de la trama; en tanto otros son los actores estelares de la obra.
Estamos así ante un conflicto, que va más allá de convicciones artísticas o de ideología, sino con el estomago, cuya satisfacción exige a cambio dejar de cuestionar; muchos intelectuales del siglo anterior, después de confrontar en su juventud con las dictaduras militares, perdieron la brújula durante la nueva era democrática; fueron absorbidos por ésta, digeridos, no evacuados, e igual que los parásitos en el cuerpo, se multiplicaron. Hasta hoy.
Crear –que es igual a producir- demanda tener la barriga llena primero; pero ¿quien apoya a un artista?
Varios escritores –jóvenes por cierto- llegaron a la era democrática de los años ochenta con obras de excelente calidad. Pensemos en Micaela y otros cuentos (1976), Musiquero Joven, Musiquero Viejo (1980) de Raúl Pérez. La Linares (1976) de Iván Egüez, Bajo el mismo y Extraño Cielo (1979) de Abdón Ubidia, Polvo y Ceniza (1979) de Eliecer Cárdenas, Historia de un Intruso(1976) de Marco Antonio Rodríguez: libros capitales de nuestra literatura, que abrigaban la esperanza de llenar ese vacío dejado por sus antecesores, e incluso de superarlos, ¿cómo se explica entonces que muchos de ellos dejaron de producir con calidad? ¿Fueron sus convicciones artísticas lo suficiente fuertes como para ceder de modo fácil a la comodidad de vivir y de comer bien? ¿Donde están sus ideales políticos que tanto pregonaron durante su juventud? Hoy los podemos ver en tal o cual dependencia del estado, listos para la jubilación, y dependientes aún del erario público.
La etapa democrática de los años 80 fue la coronación de sus primeras (y mejores) obras en el medio cultural de entonces, mas no la realización de ellos como escritores de proyección internacional, salvo acepciones, me refiero a Javier Vásconez, quien en los últimos diez años nos ha entregado paginas de alta calidad. Una vez consagrados, los creadores buscaron reconocimiento, pero ello depende también del tamaño del estado. No es lo mismo nacer en Francia, en el Reino Unido, que en Ecuador; se deduce por tanto que esta palabra siempre será relativa: pequeño país, pequeños reconocimientos. Pequeños intelectuales, pequeños presidentes y grupos de poder luchando entre sí.
La pregunta es ¿cómo conseguir el equilibrio entre la creación y la necesidad económica? La libertad es el principio que está siempre en riesgo cuando se trata del estomago. Te doy lo que pides, pero a cambio guardas silencio, y ello es suficiente para los proyectos de cualquier gobierno; ocurrió así con muchos artistas del siglo XX, y su ejemplo se repite en nuestros días. Cuando el actual régimen anunció la creación de nuevos ministerios y subsecretarias, entre ellos la de cultura, una horda de intelectuales –jóvenes y de mi generación- acudieron a las ventanillas del edificio, con gruesas carpetas en mano, listos para defender los proyectos del gobierno a cambio de migajas, como rodar una película, publicar sus libros, recibir apoyo estatal para una obra de teatro, montar una exposición de pintura o vender sus cuadros a tal o cual institución pública.
Y este ha sido el comportamiento de muchos artistas durante las últimas tres décadas, que no son ni claros ni oscuros, sino tenues; no están aquí ni allá, pero siguen leyendo poemitas (y lo peor, en público) a un ex mandatario, sonrientes cuando el actual inquilino de Carondelet hecho el gracioso grita en público a un intelectual: mi sangre, en referencia al color de su piel.
Por fortuna hay una nueva generación de jóvenes creadores en Ecuador, y son ellos los que deben digerir lo que ocurrió con los intelectuales nacidos en los años 50 y 60, dar un paso adelante en su actitud frente a la creación y la vida, con una nueva mentalidad que esté enfocada, no en la cantidad, sino como dice nuestro campeón Jefferson Pérez: en la excelencia. Y abrir las antenas, si no queremos desaparecer del radar del mundo; muchos lo quisieran así pues, inadvertidos, es menos responsabilidad ante a las demás naciones.  
“Un escritor está poseído por el deseo de conocer la verdad, aunque ésta posiblemente no exista”, afirmaba el escritor suizo Max Frisch durante los años 70. Hoy se necesita iniciativas globales, aun para intereses pequeños o locales; pero si se calla es porque nada nuevo se tiene que decir. ¿Es esta la realidad de los intelectuales en el Ecuador del nuevo milenio?

Samstag, 30. August 2008

TIEMPOS DE CAMBIO

"No sé si sigue siendo el mismo escudo, o el mismo himno nacional, como en Ecuador están cambiando todo, y no se puede hablar ahora con libertad: yo sé que voy a tener muchos problemas por estas palabras a mi regreso", exclamó Jefferson Pérez en una entrevista, luego de obtener la medalla de plata en los juegos olímpicos de Peking. Son tiempos de cambio, no hay duda. Hay que inventar un Ecuador de acuerdo a nuestra época y para ello tenemos una camada de políticos. Nueva constitución, nuevos símbolos, nuevos, nuevos, aunque con piel de dinosaurio.

Así, pensando en el futuro, se eliminó el condor de nuestro escudo, porque éste es un ave que vive en cautiverio apenas en nuestros zoológicos y en vez de ello se pone al cuy con un panaman hut, (aunque sea hecho a mano en Montecristi): un animalito de exelente sabor que se lo puede disfrutar en Chaltura, la capital mundial del cuy, (Seul es la capital mundial del perro, en agosto, sobre todo, pues ellos creen que su carne les ayuda a soportar las altas temperaturas del verano), y que se lo exporta a la ciudad "más grande de Ecuador en España", Madrid y a la yoni,donde vive la mayor parte de los cuatro millones de ecuatorianos en el extranjero. Luego asoman las bielas (bien heladas), el balón con las estrellas que simbolizan las dos clasificaciones al mundial de futbol, pese a ser eliminados en la primera ronda; el primer teleférico en nuestras tierras, de fondo la mama Tunguragua, luego una cabeza del producto nacional que nos identifica como banana republic, el Cholito, (mostruo de escudo dice él), de pie sobre la tortuga, para simbolizar la prisa con que nos integramos al mundo. A los costados nuestro símbolo de vegetarianos listo para ser hecho picadillo con la espada de Simón Bolívar. Como se decía en los barrios bajos de Guayaquil hace más de treinta años: se nos fue Julio Jaramillo, pero nos queda el Barcelona. ¡Viva el Barcelona!, más claro.

Gracias Jefferson por tus triunfos y por tus ejemplos de vida.

Mittwoch, 27. August 2008

FERRARI





Samstag, 16. August 2008

ANALES DE PRIMAVERA Y OTOÑO

Tomado del libro: VIAJES, de Rafael Marcelo Arteaga, Rammar Editores, Quito-2005



-Para mirar el corazón de un hombre hay que darle poder-. Respondió Confucio a sus discípulos, cuando éstos le preguntaron si podían confiar en Wang Shang, el nuevo príncipe de Zhongdu, para emprender las reformas del estado, que el sabio pregonaba durante sus viajes por la antigua China.

Los hombres de gobierno deben obrar con el ejemplo de sus vidas, aconsejaba a los alumnos, cuando las luchas entre los señores feudales aniquilaban el viejo orden de la dinastía Zhou y las ciudades, sumidas en la decadencia, alzaban sus murallas. Conspiración y guerras internas -que eran males endémicos- arrasaban poblaciones, generaciones enteras en la miseria; mientras una nueva clase social surgía de aquellas cenizas y se hizo fuerte con el hambre, con la desesperación de su gente por hallar un nuevo sistema de gobierno.

La vida de un gobernante, decía Confucio, es luz o es tinieblas a los ojos de los pueblos que buscan un espejo para alcanzar la prosperidad de sus vidas, de sus naciones, o seguir simplemente la ruta del precipicio. Un hombre en el gobierno debe tener cinco virtudes: bondad, honradez, decoro, sabiduría y felicidad. Ninguno de estos elementos va separado y ninguno está demás; si a vuestro rey le falta alguna de estas cualidades, tened cuidado de él, advirtió a sus alumnos, pues le falta todo; un soberano así no es bondadoso con sus súbditos, no es honrado con la gente que le rodea, no tiene la humildad de aceptar sus limitaciones, no gobierna con sabiduría y, por consiguiente, no es feliz, aunque tenga el poder en sus manos, sonría y hable con convicción de mejores épocas para su gente. Es una montaña de arena que no resiste las tormentas, es un árbol gigante con las raíces podridas, que al menor movimiento, arrastra en su caída a cuantos se cobijan bajo su sombra.


Así hablaba él a sus discípulos, una mañana de primavera, hace 2.500 años, junto a los árboles de bambú que rodeaban al lago; mientras los jóvenes, sentados sobre las piedras, escuchaban en silencio los consejos del anciano. Y ¡quién, sino él, para hablar con sabiduría en sus palabras! Confucio nació en el principado de Lu (actual provincia de Shandong). Perteneció al noble clan de los Kong, dueños de extensas tierras cultivables y de cuanto había en su interior, incluido los campesinos. Su padre fue magistrado y ello permitió que los hijos tuvieran una educación esmerada, hasta que los vencedores de las guerras entre señores feudales despojaron a la familia de sus riquezas y la expulsaron de la nación. El sabio se casó temprano, como era costumbre entonces; su pobreza lo llevó a trabajar de sirviente en el extranjero, hasta pagar las deudas que adquirió para salvar a su familia del hambre. Entrado en la madurez comenzó su carrera de maestro.

Siempre viajando por los principados que conformaban el antiguo reino, el anciano pasó la mitad su vida buscando esos hombres virtuosos y cultivados que pudieran desempeñar los altos cargos del gobierno y guiar al pueblo, igual que hermanos mayores, a través de su ejemplo personal; lecciones de sabiduría y humildad que la clase dirigente de hoy en Ecuador ignora y en vez de ello se esmera por cultivar la ignorancia, la miseria de su gente, porque estos dos componentes significa para ellos cien años de gobierno a espaldas del tiempo, del progreso; sin mirar las lecciones del pasado, ciegos ante el brillo de la luz en sus ojos, cuando el futuro abre sus puertas y deja entrar en su nave de fuego sólo a quienes están despiertos.

El guía de una nación –insistía el sabio- debe cultivar su sensibilidad con la lectura de los autores clásicos, debe escribir con su puño los mensajes y enjuagarse la boca antes de leerlos a su pueblo, debe tomar la escoba y empezar por limpiar su casa. La música es meditación, es energía, lo mismo que el retiro, que en esa época tuvo funciones ceremoniales en las prácticas del Estado. ¿Qué libros leen nuestros gobernantes? Si acaso leen. ¿Qué música llena sus espíritus? La tecnocumbia en los portales del palacio, los inmensos parlantes, las luces con ingenuas jovencitas de pocas prendas o casi nada, bailando al ritmo del cheque en sus brassieres.

***
*

-No porque tú has llegado al poder, comenzó el mundo-. Amonestó Confucio a Wang Shang, príncipe de Hengshui, cuando éste llegó con sus soldados a Píen Ching, e inflado de soberbia con la victoria en sus manos, mandó a decapitar al ejército enemigo, junto al rey y su familia.

-Se cauto con la boca y firme con la mano- Insistía el anciano. -Que el pueblo llegue a respetarte, no a temerte, pues tal fue la costumbre de sus antiguos gobernantes.

Pero en su corazón sólo había vanidad; no escuchó las palabras del sabio, y apresuró a sus hombres a cumplir la sentencia para demostrar su fuerza a los campesinos, con fin de evitar futuras sublevaciones.

Quince años más tarde, su vida y la de sus hijos corrieron la misma suerte: Xiao Fang, príncipe de Jinan, discípulo además de Confucio, invadió el reino de Píen Ching y lo anexó a sus dominios. Las palabras de Wang Shang fueron borradas por completo de la memoria de los campesinos que él humilló durante sus años de gobierno –aunque bajo el dominio de la dinastía Zhou. Los templos que él mando a construir (las paredes con relieves de oro, las columnas de mármol, los tallados de madera adquiridos en la isla Han) fueron demolidos con el mismo entusiasmo que habían sido edificados: piedra tras piedra.

Pero en esa época no llovió en la nación, los grandes ríos que alimentaban los cultivos disminuyeron su caudal y los campos dejaron de producir, lo que afectó de inmediato a la estabilidad del nuevo régimen. En pocas semanas, el sanguinario Xiao Fang fue derrocado tras una revuelta de campesinos hambrientos que abandonaron sus tierras e invadieron las ciudades en busca de comida, pidiendo a gritos la cabeza de su gobernante. En medio del caos, un nuevo príncipe accedió al poder y transformó la urbe en capital de la dinastía Wei: el hogar donde la familia real se refugiaba durante las épocas invierno.

Después de muchos siglos, cuanto encontré de aquella ciudad durante mi viaje son restos de cerámica, columnas rotas, murallas de piedra con inscripciones aún no descifradas ¿Y de los dos reyezuelos? Sus sombras torpes apenas agitándose en las líneas de éste relato atribuido al sabio, con las palabras que ellos ignoraron cuando estaban en el poder y creyeron que el mundo empezó con ellos e iba a terminar sin ellos.

***
*
Tumba de Confucio en la ciudad de Jinan, provincia de Shandong

Confucio lamentaba la inestabilidad social e inseguridad política de la nación, e igual la ausencia de principios morales que pudiesen revertir tal situación. Él sabía que tales sucesos son materia del tiempo, indispensables para la renovación del hombre y su espacio; por ello se afanó en instruir a sus discípulos en busca del hombre ideal que asumiera los desafíos de su época. Con la edad se dio cuenta que su búsqueda resultaba inútil; regresó por última vez a Lu en el año 484 a.C. y no volvería a viajar, dedicándose a leer y a escribir comentarios sobre los autores de la antigüedad. Nada dejó en el papel de sus enseñanzas, pues no se consideraba un intelectual o un filósofo, sino un transmisor de cuanto había aprendido en el camino y leído en los libros; así consta en el Lunyu y el Chunqiu (Anales de primavera y Otoño), una recopilación –tras su muerte- de las enseñanzas impartidas a sus alumnos durante los viajes. Muchas obras maestras de la literatura nos llegaron así, en buena hora.

Estos libros, junto al Tao Te King, del mítico Laotsé, se convirtieron en modelos de educación para los gobernantes del país; y no solo ello, sino también que sus fórmulas filosóficas moldearon el crecimiento del Estado y la civilización china los dos milenios siguientes. En Shandong la sombra del maestro aún recorre sus caminos, seguido, no de tres mil discípulos, como entonces, sino de una nación, del mundo que admira y cultiva sus principios, su modo de vida. ¿Podrá alguno de nuestros actuales dirigentes ufanarse de ello, digamos -en cinco años?

Donnerstag, 31. Juli 2008

LOS SUEÑOS DEL REY

Tomado del libro: VIAJES, de Rafael Marcelo Arteaga, Ramaar editores, Quito - 2005.

Katmandú en la noche, 2007.

Cuentan en Katmandú que en una región perdida al oeste del Himalaya, su rey despertó una noche con gritos y sollozos, que obligó a la gente del palacio a levantarse de prisa. Temido como era, e irritable a causa de las últimas sublevaciones de su pueblo, nadie quiso estar fuera de su mirada en esos momentos, que llegó a armarse tremendo revoltijo al amanecer. El edecán asomó con los perros, el cocinero fue a sus ollas, el fregador se puso a limpiar de nuevo el piso, mientras las concubinas fueron a ducharse -por si eran requeridas a esa hora.

Los ministros y asesores, aun medio dormidos, llegaron a prisa a la habitación para averiguar lo que ocurría.

-¡Soñé que era el rey de estas regiones!-, gritó el monarca, lloriqueando como un niño bajo las sábanas. Los consejeros juzgaron que se trataba de un mal sueño y con prudencia se inclinaron a él para decirle al oído, intentando animarle:

-¡Pero si su majestad es el soberano de estas regiones!

Escuchar estas palabras fue peor. Sus gritos volvieron a resonar en las paredes del palacio; luego se incorporó, fue hasta la ventana –y tras él sus tímidos consejeros. Desde allí observó la ciudad en tinieblas, el pueblo que él había edificado, espejo de su transcurso en la tierra, y hoy, lleno de hombres, con antorchas en mano, acercándose por los callejones y profiriendo insultos en su contra.

Volvió el rostro a sus acompañantes y fue sólo para confirmar cuán denigrante es en el ser humano el servilismo de quien se arrima, crece y se vuelve fuerte bajo la sombra del poder, del que cierra sus ojos y vende su alma a cambio del deleite fugaz de ser ministro, embajador o simple comisario de aldea. Extasiados con el resplandor que les brinda su autoridad, son igual a ciertos reptiles que se arrastran en el suelo, pero avanzan muy lejos. Se agitan y tiran los hilos en ese juego de marionetas por conseguir un nombre, un espacio al que no llegaron con sus toscas figuras fuera del escenario; hasta que un día el dueño del tablado corta las cuerdas y deja caer sus muñecos, inútiles para la siguiente comedia.

El rey los miraba con repugnancia y no permitió que se le acerquen; eran las flores del jardín que él cultivó con empeño durante sus años de gobierno; eran el reflejo de su imagen con el pueblo, sólo que más opacas, sin formas definidas, maleables, -justo para adaptarse al color y textura del próximo espejo. Las consignas y gritos afuera se multiplicaban, pero no hizo caso. En medio del palacio, él recorrió con sus ojos cuanto allí significaba su autoridad: el bastón de mando con incrustaciones de piedras preciosas, la banda real sobre los trajes de ceremonia, los sellos para reforzar sus mandatos, los escribanos -que siempre redactaban sus mensajes a la nación, las copas de fino cristal junto a los cubiertos de plata, los documentos firmados, los perros (¡que mordían las piernas de sus asesores y ministros!).

Afuera del edificio, los gritos de consignas, las amenazas volvieron más frecuentes los disparos de la guardia. Se escuchó forcejeos, golpes entre grupos de fuerza; luego surgió un silencio y tras él, los lamentos de los heridos en el suelo. La noche había cedido a la claridad de la mañana. El rey vio al fin la plenitud de la ciudad y fue sólo para comprobar que sus sueños de gran emperador terminaban ahí, en un frío y rocoso país perdido en la inmensidad de los montes Himalaya. 

Druk Yul, en el centro de Bután. 2005

Sin una red de trenes llenos de gente y de mercancías, llegando y volviendo a partir a otras ciudades del continente, sin empresas de aviación de bandera nacional, sin amplias carreteras para movilizar la producción interna; sin teléfono, o alcantarillado en las casas de sus súbditos, sino con pastores que iban cada estación a alimentar sus rebaños en las montañas, con hordas de vendedores ambulantes y desempleados en las calles, con niños y jovencitas vendiendo sus cuerpos en las grandes ciudades, con un tercio de su población joven en otras naciones, donde –por su origen- reciben un trato igual al de los ilotas en la antigua Esparta. Con oscuros asesores graduados afuera, que se burlaban a sus espaldas y esperaban el momento de destronarlo. Con timoratos escritores dedicados -no a escribir una línea, una hoja más del gran libro de literatura (que inicia con una actitud responsable ante a la vida), sino a lamer los huesos llenos de grasa que el poder arroja bajo la mesa; con artistas escurridizos embarcados en un viaje interior ¡y que el resto se hunda con el Titanic! En fin, un reino miserable que él edificó a la medida de sus sueños.

Pero las flores de palacio solo sirven para adornar espacios interiores, no soportan el sol del mediodía, los fríos del amanecer en las montañas, ni largas temporadas de sequía como las flores silvestres, las flores que nacen en los suelos más áridos, junto al estiércol, al borde de las carreteras, donde crecen y se reproducen con furia ante a la fugacidad de la vida. Esas flores pedían aquella mañana la cabeza de su gobernante.

El ruido de las armas cesó y en su lugar los gritos de la muchedumbre inundaron la plaza, cerca del edificio. Los militares habían cedido posiciones y se ocupaban ahora de defenderse ante la furia de la juventud que, armada con piedras y palos, buscaba venganza por sus hermanos caídos afuera. Cuando las gruesas puertas del palacio cedieron y el rey vio a los jóvenes enfurecidos ingresar en él, sus hombres de seguridad lo rodearon, y tal si fuera a comenzar un juego de niños, le cubrieron el rostro con una manta y lo sacaron a prisa del lugar.

Él no recuerda lo que ocurrió después ni cuánto tiempo estuvo así, hasta que la voz de su madre lo despertó. Averiguó de inmediato en dónde estaba, pero no hubo respuesta. ¿Qué sentido tendrían entonces las palabras? Su madre lo entendió así y por ello, siguió a su lado, en silencio. Los asientos y el ruido del motor le indicaron que estaban en un avión y alguien le dijo más tarde que la ruta era Delhi, donde el gobierno de la India le había concedido asilo político.

Él, que quiso fundar una dinastía de mil años en el poder, fugaba ahora con su familia y sus hombres cercanos del país, para no enfrentar a la justicia del nuevo gobierno. Sin decir nada, se acercó a los cristales y, como ese amor que no volverá más a nuestros brazos, fijaba sus ojos en cada detalle de la tierra allá abajo: los ríos bajando infatigables hasta el mar, y en él los hombres con sus naves surcando las corrientes; los cafetales y el aroma feroz de sus granos en los hornos, los campesinos sumergidos en el fango de los arrozales, las casas, que no son tales sin sus habitantes: la nación que le dio la oportunidad de cambiar su historia, de engrandecer los libros con su nombre y que ese día, como un amor joven, lo separaba con violencia de su vida. Allí terminaron sus sueños de rey. Sueños que nunca fueron los de su pueblo.