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Dienstag, 13. Dezember 2011

EL TRIÁNGULO DORADO


  Texto de Rafael M. Arteaga

Atardecer en Bagan, Myanmar.

Sam Eou estaba confundido entre sus sueños de ser escritor y la necesidad de comer. Imaginaba un mundo de libros, de grandes salones hablando de literatura, de ciudades lejanas con muchos senderos a elegir y no su pueblo de campesinos en medio de los bosques, con dos opciones apenas: seguir a Liu Peng en las montañas, luchar por la independencia de su estado y, con un poco de suerte, llegar a viejo, sin dientes y alcohólico, para mendigar en las avenidas de la capital; o ser profesor en un pueblito de Shan. 



Nada de esto encajaba en sus planes. Quería ser escritor, como sus maestros de lengua inglesa (Birmania fue colonia británica hasta 1948) y sus innumerables libros que leía -como una religión- en casa; por lo que una noche pidió a su amante desertar de la guerrilla e ir juntos a Rangún, donde había posibilidades de iniciar juntos una vida diferente, a lo que Liu Peng contestó:
-El sendero que has elegido es tuyo, no mío. Yo me quedo aquí, como las ramas de loto que nunca renunciarán al pantano para florecer.



El reino de Shan fue hasta el siglo XVI d.C. una nación floreciente y centro cultural de entonces, de la que se desprendieron los países que hoy forman la parte sur occidental de Asia: Vietnam, Laos, Camboya, Tailandia, Myanmar y Bangladesh; luego fue reducido a protectorado de la corona británica -hasta 1948, y desde 1987 anexado con las armas a Birmania, sin tomar en cuenta un convenio de asociación voluntaria. 



En 1962 una Junta Militar se hizo con el poder y gobernó el país con violencia durante 49 años, hasta convertirlo en uno de los más pobres y atrasados del planeta, con altos niveles de corrupción (puesto 176 de 180 naciones, en el 2010. Ecuador fue 122), millones de refugiados en las naciones vecinas y miles de opositores políticos en las cárceles; mientras cada región buscaba –y busca- su autonomía por motivos históricos, raciales y hasta de negocios: la zona es la principal productora de opio en el mundo, sus montañas están llenas de yacimientos de plata, piedras preciosas (zafiros, rubíes); mas, para estar tanto tiempo frente al gobierno se requiere de apoyo y dividir a los costados es la mejor estrategia que vuelve fuerte al centro: algunos jefes tribales, con influencia en su gente, fueron sus aliados, igual el sector burocrático, engrandecido y dependiente de las arcas públicas, los nuevos empresarios nacidos bajo la sombra del socialismo, intelectuales y artistas -con su silencio- a cambio de compartir el poder.



Sam Eou vendió sus sueños a cambio de un puesto público. ¡Y el estado paga bien la sumisión y el silencio de los intelectuales! Fue embajador en Camboya, director de construcciones en Rangún, aunque en su vida nunca alzó un ladrillo, -Borges fue inspector de camales en Buenos Aires antes de ser ese fantasma de biblioteca que hoy conocemos-; luego fue nombrado –por dos meses- ministro de seguridad interna y en ese periodo los militares ingresaron a las universidades para aplacar las protestas estudiantiles de 1976, matando opositores y ocultando sus cadáveres en fosas comunes fuera de la ciudad. Alguien debe hacer el trabajo sucio de casa.
En cuanto a su vida literaria, parece que la inspiración no abandonó del todo a su alumno durante sus bodas con el régimen: publicó dos relatos de género policial y un canto extenso –casi rayando en lo épico- dedicado a los logros de la revolución. Yo prefiero su obra de juventud, en la que hay algunos versos impecables, con influencia de los románticos ingleses en la lirica y, en la forma, ajustada a la rigurosidad métrica de la poesía japonesa del siglo anterior; sin embargo, ni con toda la iluminación de las musas, un libro nos hará olvidar la vida del autor, porque ambos son una misma materia.

 

Sam Eou llegó a la vejez convertido en eminencia literaria ¡en medio de la selva! Fue la imagen decorativa en los salones de cultura, rodeado de artistas, embajadores de naciones tan lejanas como desconocidas; feliz con los brindis, los bocadillos y un grupo de jóvenes escritores que inclinaban sus cabezas al frente suyo y, a espaldas, ansiosos por ocupar su asiento; fue la prostituta de un sistema social corrupto, aunque con el estómago lleno.

 

Liu Peng, en cambio, fue miembro de la armada rebelde (Hsük Han o Jóvenes Guerreros), picado de los mosquitos, con botas de caucho hasta las rodillas y comiendo alimentos enlatados. Era niño todavía cuando vio salir a su padre del hogar, una mañana de 1953, aliado con las fuerzas birmanas, a combatir contra el ejército comunista chino, que invadió el estado de Shan con el propósito de llevar la corriente del rio Salween a sus extensas mesetas sin agua. La campaña de defensa tuvo éxito, pero él no volvió. Durante los años 70, ya adolescente, su región se convirtió en la mayor productora de opio en el mundo, apoyada por grupos insurgentes y vendedores de armas; el tráfico de drogas se convirtió –entonces- en fuente vital para obtener recursos. Liu Peng no olvidará este capítulo, que envolvió a muchas naciones (productores y consumidores) y quizás –en momentos de silencio- pudo entender que la lucha por liberar a su pueblo, mientras más larga y sangrienta, más beneficiosa se volvía para los señores de la guerra y de las drogas; pero no hubo vuelta atrás, el sueño de volver al reino fantástico de Shan había comenzado cinco siglos atrás y con el tiempo, los métodos pueden variar, pero no el objetivo.

 
Los monjes budistas jugaron un rol importante en la transición del gobierno militar a los cíviles.
Liu Peng fue encarcelado por la Junta Militar, en 1997, bajo la acusación de venta ilegal de armas y trata de mujeres. Nada se supo luego de él. En los últimos años, la magnitud y prisa de acontecimientos –resistencia civil, presión externa- obligó a los militares a cumplir el calendario impuesto -en referéndum- por la población para volver a la democracia, lo que ocurrió el 30 de marzo del 2011. Fue un día de gloria, aparentemente, si el mundo no hubiera estado al tanto -mucho antes de las elecciones- que los triunfadores (Unión Solidaria) ¡eran auspiciados y pertenecen al mismo grupo de militares que hasta ayer estuvieron en el poder! El mismo ungüento, solo que en otro envase.
La burocracia del estado, numerosa y llena de privilegios, típico de administraciones débiles con sueños de grandeza, no estuvo dispuesta irse a casa con las manos vacías después de comer bien durante medio siglo. El régimen les ayudó a registrar en los padrones electorales varias tiendas políticas –que variaban en sí sólo por los nombres- para confundir a la población; sus críos obtuvieron el 85% de votos y mandaron a los viejos dirigentes de vacaciones a Bangkok, a Miami, mientras ellos arreglan hoy la casa para cien años más de camino al socialismo, como fue el refrán de sus padres. 

 
Entrada al estado de Shan.
En medio de estos remezones políticos, quizás nadie se acordó del guerrillero, y acaso él buscaba reconocimiento alguno a su obra. En mi último viaje al Triángulo Dorado, me enteré, sin embargo, que la juventud había decidido rescatar su figura y alzarla como símbolo de la resistencia. «A las aves, en medio del océano, sólo les guía el instinto supremo de salvar a la bandada de la tormenta». Reza, en escritura local, sobre una placa de bronce. Una callecita abandonada tiene su nombre, en Taunggyi, la capital del estado de Shan, y es todo lo que el tiempo rescató de él. Hasta ahora.
Yo amo esa región que me acogió tantas noches en sus cabañas de bambú con techos de paja, donde –cansado y deseoso por conocer sus secretos- me refugié con mi mochila a disfrutar del largo sueño de iguanas que me brindó el humo del opio, hace dos décadas. Fue un tiempo fugaz y lleno de enigmas en la selva, junto a la amante que todo viajero halla en los viajes, y que a la distancia se nos vuelve una obsesión.


Mittwoch, 9. Februar 2011

Amanecer en Hangzhou

Tomado del libro: ENCUENTROS, de Rafael Marcelo Arteaga, Gaya Editorial, primera edición 2009, México City.





Estoy escapando de un mundo
que no pudo detenerme
y me vio partir,
como la novia de mi juventud
que  estuvo siempre a mi lado
-sin percatarme,
hasta saber de su existencia
cuando la vi feliz en brazos de su amante.

Y aún aquí, mientras voy por las valijas,
me sigue la sombra de mi madre 
-que es mi prisión, 
la casa de tierra,
donde fui un espectador de mi caída
y necesite ser hábil para huir de allí,
comprar un ticket de avión
y en pleno vuelo darme cuenta
de que algo se perdió, 
-no sé si los otros sienten igual-,
algo que nuestros hijos ignoran,
pero que sigue latente en las distancias,
hasta volverse en un karma,
y es esa constante desolación
que, cuando la nave toca tierra,
pesa más que nuestros huesos
con todo su equipaje.

Y como un prisionero cuenta las horas
que le faltan para ser libre,
y antes de ir a dormir traza una x
en la pared por cada día vivido,
y despierta con asombro a la mañana siguiente,
mirando el sol en el patio del vecino,
que es libre y puede amar a su mujer,
así espero yo la ocasión de escapar de ella.

El oficial me entrega el pasaporte.
Yo respiro con alivio. Tomo mis pertenencias,
y vuelvo a mirar al avión, listo para otro viaje,
al cálido sol de la mañana en los cristales
–aunque la tripulación haya informado
de bajas temperaturas afuera;
busco las puertas de salida y sé
que la nostalgia de hoy
será también la nostalgia del futuro,
igual que el aceite o el diesel para los motores.

 












Walking around the English Park, at West Lake, in Hangzhou.

Mittwoch, 12. Januar 2011

EXTRANJERO EN SHANGHAI

Train station in Hangzhou

Hace pocos meses se inauguró aquí el tren más rápido de Asia. Une Shanghái con Hangzhou, a una velocidad de 350 kilómetros por hora. Una distancia de 250 kilómetros que antes se cubría en 1 hora y 15 minutos, hoy demora ¡45 minutos apenas! ¡Más rápido dónde o para qué!


Yo personalmente tomo el antiguo; no porque cueste menos, solo que siento pánico ante semejante velocidad en tierra. En Europa los trenes habitualmente van entre 140 y 180 por hora, y ya era -hasta el siglo pasado- bastante para mí.

Y un día me puse a pensar sí ese miedo acá, ¿no será el miedo natural de los ecuatorianos a subirnos en el tren, más que del progreso, en el tren del tiempo que vivimos, cuando allá el único que aún existe, se descarriló hace dos años, como la revolución socialista, a la altura del antiguo y bien visitado santuario del placer La Luna? Durante mis viajes, al volver del trabajo, cuando ingreso a la estación de tren, o salgo del aeropuerto, subo al barco, tomo el metro, el bus, o camino distraído por el centro de Shanghai -lleno de turistas y comercios, viene siempre a mi mente la visión de nuestro país: un tren del siglo anterior con fierros oxidados, vagones oscuros y llenos de ratas, abandonado en un hangar donde abundan mecánicos, mendigos y hasta un maquinista chiflado que ofrece llevarnos al futuro cuando el rayo de una tormenta roce las turbinas, lo mismo que en el film Volver al Futuro. 


No soy pesimista. Solo veo desde afuera lo que ocurre en nuestro país. Y tanto amor por él no basta para cambiar lo que se vive en la actualidad: secuestros express, robos, sicariato, la más descarada corrupción que yo antes pude imaginar en las altas esferas del poder gubernamental; mientras acá nadie se imagina una vida de regalos de parte del gobierno, pese a vivir un sistema comunista. Son caravanas de gente entusiasta por el trabajo, movilizándose en barco, en buses, trenes, bicicletas...Mei you kong zuo, mei you shonguo (no hay trabajo, no hay vida), dicen ellos al despertar. 


Mis amigos se asustan y creen que yo bromeo cuando digo: secuestros, robos...bu hao, bu hao (malo, malo), dicen. Y hasta preguntan: ¿Qué es eso? Yo veo ingresar al banco gente con mucho dinero, o retirar grandes sumas en efectivo, como en los tiempos de los sucres en Ecuador, cuando uno llevaba su fortuna en sacos gigantes de yute para comprar un auto. Al abandonar el banco aquí hay quien toma un taxi, otros van a pie hasta su negocio o simplemente toman una motocicleta; mientras en Ecuador te matan por un par de zapatos Nike –y todavía chinos. O se paga US$ 20,oo para mandar a matar a alguien. O estar en posesión de 1999 gramos de cocaína o cualquier otra droga y al ser sorprendidos por la policía, allá siempre se podrá argumentar frente a un juez que se trata de consumo personal. Miles de traficantes salieron de las cárceles al amparo de esta ley en la nueva constitución. El argumento de los socialistas fue simple: dijeron que son víctimas de un sistema perverso y que no merecen purgar pena alguna porque fueron engañados y hasta obligados a convertirse en simples mulas…Así, los “brujos”, los que esperan a la salida de los colegios con diez o más paquetitos de un gramo cada uno en sus bolsillos para venderlos a nuestros hijos, de acuerdo a la visión del partido verde limón, son pobre gente…¡Los beneficios del socialismo del siglo XXI!

Al principio, en Guangzhou, en el restaurante yo quise dar una propina y nadie la aceptó. Lo mismo en el hotel New Asia. Alguna ocasión olvidé mi celular en el bus, ¡y el bus esperó para entregármelo! Un día abrí una cuenta en el banco sin más papeles que mi pasaporte, un domingo a las cinco de la tarde y en diez minutos recibí mi tarjeta con la que puedo pagar en cualquier tienda o empresa en China, o retirar erectivo de cualquier banco y cajero.

La gente aun respeta a los demás y en ciertas ciudades pequeñas del norte, un extranjero todavía es mirado con asombro. -Vivo en un pueblo cerca a Shanghai que, aunque tiene millón y medio de habitantes, no consta en el mapa: Jinhua. No hay comercio de drogas en sus bares y lugares de diversión. Los pocos traficantes son ejecutados en corto proceso y los adictos purgan años de cárcel. No hay borrachos dormidos en las calles, aunque la juventud es adicta al cigarrillo y al internet.

Yo me digo en silencio: debo traer a mi familia acá, porque mis hijos no creen ni imaginan que otro mundo sí es posible. “Yo vivo en él”, les digo. Pero ellos y sus amigos sonríen con incredulidad. “¿Qué mundo es ese sin ladrones, sin drogas, sin presidente insultando cada cinco minutos en la televisión, sin secuestros express, sin violencia...? No, no es posible. Definitivamente.

Aquí escuché el relato de un campesino que, al final de la tarde, de regreso a casa, halló un huevo entre los matorrales. Sin dudar, lo llevó hasta su granja y lo puso a empollar con una gallina, que ya tenía otros tantos bajo sus alas. Un día los huevos reventaron y pronto los polluelos iban tras su madre en busca de alimento. La gallina cuidó a sus crías por igual, incluso al extraño. Era su instinto maternal.

El polluelo creció sin saber lo que era. Hasta que un día un hermano le gritó: tú eres un águila. ¡Alza vuelo y vete!

Pero él nunca se atrevió a volar y acabó sus días en la granja, raspando el suelo en busca de gusanos y de granos, porque a pesar de ser un águila, él no conoció ni imaginó otro mundo; por tanto, nunca se atrevió a alzar vuelo y, majestuoso, dominar los cielos.

Yo doy gracias a la vida porque no es un sueño el sitio que hoy me acoge y me alimenta. Que aún hay problemas de pobreza, eso no se puede ocultar. Si hasta 1955 el 90% de la población estaba en la pobreza extrema, hoy el 62% ha accedido a los beneficios de la riqueza de la nueva nación china. ¿No es ello un motivo para alegrarnos? Que hay mucho que hacer, es indudable; pero todo parte de la visión de futuro y gobierno de su clase dirigente, de la actitud creativa de su población.

El Ecuador de hoy es la medida de los sueños de nuestro gobernante y del grupo de soñadores que le rodea: un país de mendigos con de minas de oro, donde él es rey. Con desigualdad social intolerable, con la riqueza acumulándose -igual que antes- en pocas manos y para los demás migajas apenas. La pobreza en los últimos cuatro años de socialismo no se contuvo, sino que al contrario, se incrementó de modo alarmante. El estado creó 150.000 nuevos puestos de trabajo para los burócratas que sostienen su gobierno, pero no para el resto de población. China, en cambio, vive y practica un capitalismo, por decir algo en boca de los intelectuales de izquierda: feroz, pero ha encontrado su camino hacia el bienestar e integración de la mayoría de sus habitantes. Y lo que haya que hacer se irá incrementando o creando en el transcurso del proceso que vive hoy.

Ya lo dijo Bill Gates: “Podría entregar hoy toda mi fortuna a los más necesitados y mañana el mundo seguiría tan pobre como ayer”. Porque la solución no está en regalar el dinero forjado con esfuerzo por un grupo de la sociedad, sino en generar riqueza para que más gente acceda al bienestar con trabajo, no con limosnas. En Ecuador, para combatir la inseguridad se compra más armas, se recluta más policías en vez de empezar desde arriba con el ejemplo, de invitar a la empresa privada a invertir y respetar las reglas del juego.
 
Admiro de los países asiáticos su mística por el trabajo y sus sueños por mejorar sus niveles de vida. Hoy los hombros de China soportan la economía mundial. Estados Unidos y su moneda se mantienen a flote gracias al coloso amarillo. A éste no le conviene que el tío Sam se desplome, lo que debió ocurrir en la época de Bush y ahora va al rescate de Europa. Si quiebran ambas regiones, ¿a quién venderá el gigante asiático? Se entiende, entonces, por qué sus emisarios golpean estos días las puertas de muchos países ofreciendo invertir, comprar deuda y materias primas. Todos sus ahorros, que son demasiado para permanecer ociosos en las frías bodegas de un banco, se convertirán en tabla de salvación del mundo. 

Admiro a Corea del Sur, hasta hace tres décadas un país de campesinos y de mendigos; a Vietnam, que fue asolada durante la guerra contra el imperialismo; Tailandia, donde en mi primer viaje -hace 18 años- vi a las madres vender a sus hijas e hijos para los prostíbulos de las bases americanas; India y muchos países donde he pasado parte de mi vida y de ellos no tengo sino una sana envidia: ¡cuánto desearía que ello fuese así con Ecuador! Pero reza un refrán en Camboya: cada pueblo tiene el gobierno que merece. Yo añado: el gobierno que sueña y forja.

El único problema, bueno, era un problema -al principio, es que aquí es imposible acceder a las páginas occidentales, como Facebook, Twitter, Hi5, youtube, blogs y millones de sitios webs. Cada computador del hogar o público está muy controlado, y cualquier actividad en la red es seguida por un ejército de espías cibernéticos gubernamentales. Algo que en Ecuador se quiere imitar, eso sí, con entusiasmo. Después me puse a pensar que sí el país más poblado del mundo puede vivir sin eso y sigue su crecimiento, igual yo. Desde entonces no abro tanto el internet, salvo para asuntos de importancia y nada comprometedores. Al ingresar a un café internet, uno debe depositar primero su pasaporte, el mismo que es escaneado e ingresado al torrente de usuarios cada vez que uno alquila un computador. 

Algunas veces fui sorprendido por agentes -vestidos de civil- pidiendo mis documentos y mirando lo que escribo. Al principio fue desagradable, lo confieso, pero me dije entonces: nadie me obligó venir acá, y por tanto debo respetar las reglas del dueño de casa. Luego de un tiempo me di cuenta que no he perdido nada al vivir con ciertas limitaciones del internet. Actualizo mi blog o disfruto de mis videos de youtube en Bangkok o en cualquier otro país que visito por mi oficio. No hay salsa, merengue o reggaetón, -en Sumatra no hay alcohol, pero me parece que la gente aquí es feliz, a su manera; aunque la mayoría de ellos ignore el mundo al otro lado de la muralla. Al fin de cuentas, yo soy un huésped.

Freitag, 16. Juli 2010

ALONE IN SOLO (INDONESIA)




Solo, a city in central Indonesia, hosted me for ten days. And there without foreigners who speak English, without bars, beers, because it prohibits the Koran, although full of mosques, whose bells awaken the people to pray at 03:00 in the morning, then at 06:00, at noon and so until midnight. In the hotel where I stayed I heard this song many times.

Today, full of nostalgia, I opened youtube to find out who sing. I do not understand indonesian lenguage, but as most of young people there, I like it. I heard it the first time in Bali, where 99% of population is Hindu, then in Maliboro, where most of the people are Muslims, and in Jakarta: music has no religion, distance or borders. And in my bed while I read with enthusiasm my travel books and worked this poem, I enjoyed this song again. Can someone help me with an English translation of the song?



Hoy acepté que el mundo no acaba sin mí.

Soy la flor de un bosque de cemento
que se marchita al borde de la autovía,
soy un pájaro de fuego bajo la lluvia
que no maldice y acepta su instante,
cuando otros no llegaron ni a fecundar el óvulo.


Soy el brote de hierba que el jardinero
cortará a tiempo para evitar
que sus ramas sepulten la casa.
Soy el extranjero, al que vemos sus ojos
pero nunca entramos en su corazón,
y aunque no vuelva a asomar en nuestro camino,
sabemos que a su paso él alteró
para siempre la armonía de nuestras vidas,


como aquello que ignoramos
y está cerca y –al mismo tiempo- lejos de nosotros,
como aquello que nos mueve a emprender el viaje
y nos recibe de nuevo en sus brazos
cuando volvemos tristes -a veces-
igual que un perro apaleado en el camino,
o con la sonrisa en los labios;


como el cuerpo de una abeja flotando en el río bajo la tormenta,
como las semillas que no caerán a tierra
y acabarán su existencia envidiando el gozo de llegar a ser árboles,
como las hojas llevadas por el viento, los roedores
que se esfuerzan –igual que nosotros- y luchan
en el fango o en las alcantarillas del barrio
por su derecho a existir;


porque todo ello alimenta mi corazón
y ayuda a que la vida se multiplique y triunfe
sobre esos días grises y llenos de neblina.


Tomado del libro: Viajes, de Rafael Marcelo Arteaga, primera edición 2007

Montag, 17. Mai 2010

FUNERALS OF RICH PEOPLE IN TIBET

Moon was six weeks in Tibet and after coming back, he sent me this email. The trip was scheduled to go together, but unfortunately I couldn’t fly to Lasha as we planned and he travelled alone. After looking at the pictures I shivered all over. I felt repulsion, loathing and I cried: so much cruelty and insolence for dead people could not be true. I stopped to eat meat for weeks, but in my mind I remembered the sentences written by Moon at the beginning of his message, as preparing for such a fateful journey on the web:

 “Dear Rafael:  what is the meaning of life? Why do you think that all what you know and do is supreme law of life for others? Death is just a life process. Have fun and enjoy life today. Give thanks for opening your eyes one day more, thanks for coming back to your bed.” 

However I needed months to realize these photos and see life from another perspective: that of reality. In West some people want to be cremated and their ashes being carried into the sky, but in Tibet the supreme aspiration is returning to earth without delay. 









































Mittwoch, 14. April 2010

Frankestein a la hora del desayuno


Mientras miraba la cubierta del libro de Mary Shelley, bebiendo mi café y untando con mermelada las rodajas de pan, se me ocurrió que también podía revisar las noticias en Internet. Desplegué los iconos en el monitor y de pronto leí este titular que me hizo soltar el pan sobre la mesa: Presidente de Chile descarta un segundo mandato consecutivo. La noticia debió haber llegado también a Carondelet, seguro que sí, pero ello debió ser apenas como si el viento soplara en sus orejas. Puse más café en la taza. Revisé la noticia hasta el final y, de pronto, se me ocurrió que allí, en el palacio del gobierno ecuatoriano, debió ser el laboratorio donde Frankestein creó a su monstruo.  

La novela de Mary Shelley dice que unHYPERLINK "http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Shelley" día, el doctor Víctor Frankestein -alquimista e investigador de medicina- descubre la forma de dar vida a seres inanimados y, en el clímax de su vanidad, proclama que él es también un Dios, que el mundo debería empezar con él y con su invento: en el laboratorio, una noche cubierta de neblina y mientras los gatos aúllan por los tejados, el doctor cose las partes malolientes de los muertos, hasta obtener la forma de un hombre -solo que más grande y más fuerte- y lo mete en su máquina generadora de vida. La electricidad fue invento que por entonces volvió locos a los teólogos. Baja el switche, una, dos, tres veces. Nada se mueve. Desesperado, se acerca al monstruo, lo sacude, grita desafiante al cielo con él en sus brazos. Los truenos y la furia de los vientos que abren las ventanas son su respuesta. Los rayos alumbran los rincones oscuros del laboratorio, donde se ve una pila de cadáveres incompletos -que fueron materia prima de su invento. Pero está exhausto luego de tanta cirugía. Se rinde y va a dormir, sin encadenar al monstruo, (aún faltaba una quimioterapia para empezar a vivir).

A la mañana siguiente descubre que su obra ¡desapareció de la mesa de cirugía! 

La historia ocurre en Ginebra hace dos siglos. Ese mismo día -en la novela- comienzan a asomar los muertos. La cabeza de un niño es hallada en la cama de una joven, la misma que es condenada a muerte, acusada de hechicería. Los habitantes, asustados, deciden actuar y buscan al asesino, pero es inútil. El doctor Frankestein -en silencio- vislumbra recién la magnitud de su obra. Toma su arma y va en busca del monstruo, al mismo que halla en un bosque comiendo hierba y lamentando su condición.

"-Tú me diste la vida-", implora al ver a su creador, "-dame ahora una compañera y nunca más volverás a saber de mi". 

El doctor -en ese momento- no ve nada grave en ello y acepta la propuesta. Decide mudarse a Londres para llevar a cabo su invento; mas, en el transcurso de la "cirugía" (lo imagino comparando huesos para unirlos, cosiendo diferentes pieles, tal la constitución del partido verde limón en Ecuador), piensa en que si ello no será el origen de una raza de monstruos en la tierra que podría acabar con la naturaleza humana. Convencido de su error, destruye su obra -aún incompleta- y vuelve los restos humanos al cementerio, (asunto que no menciona la novela).

Su esposa se suma a la lista de víctimas. La venganza de su criatura recién empezaba. A través de una carta el doctor Frankestein se entera que el asesino se encuentra muy lejos del pueblo, en camino hacia países escandinavos, y allá se dirige, decidido a acabar de una vez con su temible invento; mas en el trayecto del barco cae enfermo y muere. El monstruo asoma, entonces, en la habitación y recrimina al vanidoso creador que, en vez de dedicar tanta energía y ciencia en cumplir mejores proyectos para la humanidad, se ocupó en dar vida a un ser que -al principio fue inocente y débil, pero a causa de su horrible apariencia, daba repugnancia y miedo a todo aquel que lo miraba, hasta convertirse en asesino.

El monstruo, libre ya de su creador, busca refugio en los glaciales del polo norte.




Leí la novela hace muchos años en Zúrich. Fue mi primera tarea a traducir en la escuela de idiomas y hoy, cuando reviso las noticias de mi país, debe ser el azar lo que me llevó a extender mi mano y tomar el libro -que he vuelto a hojear con entusiasmo; pero, más allá de los fantasmas que habitan en Carondelet, (hoy entiendo al "Loco que ama" cuando estuvo en el poder), lo que me impactó fueron las palabras del presidente de Chile. Y mientras bebía mi café y acariciaba al mismo tiempo el libro de Mary Selley, pensaba en cuanto bien habría hecho al país escuchar tales palabras en boca de nuestro dignatario años atrás, cuando fue  elegido en las urnas y no había en su cuerpo aún las fiebres del poder de las masas, con negocios estatales a su disposición, seguidores (no de su ideología, sino del dinero público), guardias de seguridad, autos de lujo a prueba de balas; a cada paso las cámaras de televisión... él, que fue un perfecto desconocido antes de llegar a sitio tan alto, no entendió que para servir al pueblo se requiere de humildad, de hablar poco y oír antes de actuar; en vez de ello, intenta convencernos a través de sus insoportables -por frecuentes- apariciones en los medios de que el mundo empieza con él y acaba sin él. Después confiesa sin pudor que le gustaría entregar la posta a gente más joven, porque el ejercicio del poder desgasta, pero que no ve en el horizonte a alguien capaz de seguir con sus ideales de patria, ¡cuando él mismo cortó a tiempo las cabezas de sus posibles sucesores!  

A inicios de la democracia, en la antigua Atenas, un magistrado duraba en sus funciones diez meses griegos (36 días cada mes).  La Ekklesia, o Asamblea del Pueblo, le confiaba el mandato con la condición de velar por los intereses de la ciudad, y al finalizar sus funciones, esos mismos ciudadanos le pedían rendición de cuentas: Cimon, Efialtes, grandes estadistas de entonces, cuya luz nos alumbra hasta hoy, acabaron en el exilio tras haber fallado al pueblo. 25 siglos después, en Ecuador, nuestros verdugos son reelegidos presidentes!  
  
"Las constituciones deben respetarse", expresó Piñera en su primera entrevista en directo con CNN la noche del lunes. "Y cuando sean reformadas, debe hacerse teniendo en mente a las futuras generaciones y no al presidente en turno", añadió.

Las expresiones del mandatario chileno vienen a Ecuador justo en momentos de oscuridad, pero allí están muy ocupados en "profundizar la revolución" (¿qué será ello?), que pasarán inadvertidas. Y mientras me arreglaba para ir al trabajo, me preguntaba también, por qué tales palabras deben venir -casi siempre- de mandatarios, cuyas naciones están en mejor situación que la nuestra. Mi padre me dijo un día, al enterarse de que yo -en mis tiempos de colegial- en vez de asistir a clases, iba con los muchachos a lanzar piedras en las calles: "La educación y el trabajo constante serán el mejor remedio contra la envidia y tus complejos de inferioridad". Tarde años es comprender su mensaje.

Tomé el tren y mientras viajaba de Shanghái a Hangzhou a 280 km. por hora, vino a mi mente Rómulo Cuello, cuando en sus cátedras nos decía:
-"El nivel intelectual de la clase política es el reflejo del nivel intelectual de nuestro pueblo".
-"¿Es que la nación no está preparada para otra manera de hacer política?", interrumpió Jorge -otro alumno- en voz alta. Hubo un momento de silencio en el aula.
-"La educación es el principio del cambio que buscamos", replicó el anciano, "pero a nuestras clases dominantes no les interesa esto. Veremos partir el tren del desarrollo y nosotros tendremos miedo hasta de subir en él".

Como la criatura del doctor Frankestein que, pensaba yo aquella mañana durante mi viaje, consciente de su inferioridad, solo atina a destruir para ridiculizar a su creador.

Otra vez en Hangzhou.