Mittwoch, 9. April 2014

ORACIÓN



De Rafael Marcelo Arteaga
Tomado del libro ENCUENTROS, Galia Editora-Mexico City, Primera Edición 2009


 

No tengo más planes
para este día
que volver completo a mi cama,
donde amo, conspiro
y leo los libros
que siguen juntos mi viaje.

Dienstag, 11. März 2014

EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI HA FRACASADO



Texto de Sandro Benini, del Tages Anzeiger del 10.03.2014 
Traducción: Rafael M. Arteaga

A un año de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela sufre una gran convulsión social. Las manifestaciones continúan y ponen en peligro al gobierno venezolano. 



Nicolás Maduro busca de cualquier modo frenar las intensas protestas en contra de su gobierno: extendió el feriado de carnaval dos días más y ha dedicado el 5 de febrero a exaltar la figura de su predecesor Hugo Chávez en el aniversario de su muerte; mas, sus esfuerzos hasta ahora han sido inútiles. El país luce convulsionado, lleno de manifestaciones, calles interrumpidas que provocan el colapso del tránsito, manifestantes peleando contra la fuerza pública, y milicias civiles armadas (del gobierno) en defensa de la revolución.
 

Desde el inicio de las revueltas hay más de 20 muertos, docenas de heridos y cientos de detenidos que afirman ser torturados por la fuerza pública; pero el gobierno lo desmiente.

CORRUPCIÓN Y CONTROL DE PRECIOS

La situación en Venezuela se ha deteriorado de modo constante desde la muerte de Hugo Chávez. La inflación anual es del 57%, la más alta del mundo. La tasa de asesinatos es de 70 por cada 100 mil habitantes, una cifra superada sólo por Honduras. La falta de divisas y los controles a la tasa de cambios han provocado la escasez de productos importados que, de acuerdo al Banco Central, afecta a un tercio de productos. El dólar de EE.UU. en el mercado negro es cinco veces más alto que el precio oficial. El déficit del estado es más del 10% del producto interno bruto y, de acuerdo a un reciente estudio del Banco de Inversiones Morgan Stanley, Venezuela no tuvo en el 2013 un superávit de 10 millardos de dólares, como el gobierno afirma, sino un déficit de 15 millardos.

Tomando en cuenta la disminución acelerada de su reserva de divisas, los analistas suponen que el país puede entrar este año en una moratoria de pago ante sus acreedores; lo cual sería grotesco, si  pensamos que Venezuela es uno de los más grandes exportadores de petróleo en el mundo.
Chávez, hoy venerado como un grande, un Cristo de los pobres, dejó a Maduro un país en ruinas, cuyas causas fueron y son ineficiencia, corrupción, expropiaciones, control de precios y despilfarro de recursos públicos: una cruz ajena que no puede evitar hacer suya. Algunos observadores dudan –inclusive- que el chofer y ex sindicalista de 51 años tenga bajo control a sus propias huestes. 


GOLPISTAS FACISTAS


Algunos se preguntan ¿cuán grande es el poder del presidente del Congreso Venezolano,  Dios Dado Cabello, cuyo apoyo reside en el ejército, y de los consejeros cubanos? Maduro ha respondido con brutalidad a las protestas: hizo apresar al líder de la oposición Leopoldo López, cortó la señal de un canal de televisión colombiana y suspendió la visa temporal de trabajo de reporteros de la CNN. La semana pasada cortó relaciones bilaterales con Panamá, porque su presidente pidió una reunión urgente de la OEA para tratar la situación interna de Venezuela; no permitirá el ingreso de una comisión de la OEA al país y a cada paso repite que hay una conspiración internacional en contra de Venezuela, sin presentar pruebas de ello. El jueves la Comisión de Derechos Humanos exigió al gobierno explicaciones sobre los informes de detenciones arbitrarias, maltratos y uso excesivo de violencia de los cuerpos de seguridad del estado. 

En el discurso de Maduro las manifestaciones sociales no son causadas por la actual situación económica y las altas tasas de criminalidad, sino por grupos golpistas fascistas; pese a ello, el presidente ha ofrecido dialogar con la oposición, lo que es objetado por sus líderes, dicen que se trata de una farsa, porque uno es su obrar y otro su discurso. De acuerdo a encuestas, el 70% de la población cree que es tiempo de un cambio de curso. La insatisfacción parece extenderse incluso en las mismas filas gobiernistas de base, sin que hasta ahora hayan plegado a las manifestaciones, ya por lealtad a la memoria de Chávez, o simplemente por miedo a perder –con un cambio de gobierno- la ayuda de los programas sociales.

OPOSICIÓN DIVIDIDA

 
La caída de Maduro podría producirse por dos causas: que las protestas de estudiantes y la clase media se convierta en un levantamiento popular, o una revuelta en las propias filas chavistas. ¿Cuándo podría ocurrir esto? Imposible determinarlo. Luego de la detención de López,  María Corina Machado y el Alcalde de Caracas, Antonio Ledesma, los líderes de los manifestantes, corren un gran riesgo político; pues las barricadas en las calles afectan de modo directo a las clases medias y altas porque cortan los pasos de abastecimiento, lo cual agrava la situación.

Incluso entre los manifestantes hay actos de violencia, que los críticos al gobierno de Maduro tienden a callar. Si Maduro logra sobrevivir a la presión de las calles, será porque  es capaz de desgastar a los manifestantes. Y mientras a  las huestes chavistas el miedo a un cambio de gobierno hace que juntos se cuiden las espaldas, la oposición asoma dividida. El grupo de Machado y Ledesma asoma muy distante del liderado por el ex candidato presidencial, Henrique Capriles, ya que éste aboga por derrotar a Maduro en las urnas.
Y aún cuando él, a simple vista duro y, a la vez, incapaz, se mantenga en el poder algún tiempo, el alabado socialismo del siglo XXI sucumbirá ante la realidad económica, como igual sucedió con el socialismo del siglo XX. Y lo más probable es el escenario que planteó Felipe Pérez Martí, ex Ministro de Planificación, seguidor de Chávez: “No derrocará a Maduro la clase media, sino el propio pueblo chavista, cuando se dé cuenta que su gobierno es el culpable del desastre económico”.  


Freitag, 6. Dezember 2013

LOS INMORTALES



El premio fue para el escritor como si hubiera topado el zenit, y no el inicio de un reto. Su descenso literario fue menos vertiginoso, casi con paracaídas.

Texto: Rafael M. Arteaga


Fue el primero, y acaso el único ecuatoriano, en ganar un premio importante de literatura a nivel Latinoamérica, hace treinta años. Su militancia política y las musas se encargaron luego de consagrarlo en el podio de los inmortales -de nuestra aldea-.


Recuerdo, entonces, a una apasionada editora de El Comercio, preguntarle qué pensaba hacer  luego de recibir aquella distinción tan codiciada por la izquierda de entonces, y por quienes soñábamos con dedicarnos a la literatura como profesión, sin dejar de ser "revolucionarios".


Aun está en mi mente su foto en la portada de la revista. Entonces lucía fuerte y esbelto, como un potro de Arabia. Tuvo una carrera literaria espectacular en una pista llena de ponis.


El prospecto de gran escritor contestó que aún esperaba producir mucho, y estaba en sus planes o ya tenía tres novelas listas para la editorial, dos obras de teatro y una más de filosofía que trataba de los significados mutantes o algo así. Él iba a la velocidad de un avión supersónico, (el Concorde -por aquellos tiempos- empezó a unir Paris con New York en cuatro horas.


A la pregunta de si le gustaría vivir en algún lugar especial donde dedicarse a la profesión de escribir, la respuesta fue: Paris. No en vano García Márquez, tan en boga aquellos días, vivió allá y era otro supersónico frente a quienes no conocieron ni el aeroplano. Estaba claro que ambos escritores eran de otra generación, porque nuestra ciudad era New York. Hablo de Byron Rodríguez, Vicente Robalino, Jennie Carrasco… Sus historias fascinaban, por lo menos a nuestra generación, y causaban rabia e impotencia en los "viejos" escritores de ayer, porque entendían que su espacio sería ocupado pronto.


Luego quiso saber  en qué se inspiraba él para escribir.


-En la lucha del proletariado-. Y la periodista, seducida por el entusiasmo del genio, arremetió de nuevo:


-¿Qué  le gustaría ser si no fuera escritor?


-¡Limpiador de zapatos!


-¡La cagó!-. Gritamos en coro, a la lectura de Allan Coronel, moribundos aún tras la farra de la noche anterior. 


Por aquellos días mi padre, que frisaba también los cuarenta, planeaba su vejez. Aunque era vendedor de quisco en Atuntaqui, no le gustaba la idea de envejecer sin sol, ni aire; así que soñaba -llegado el tiempo- con lustrar zapatos en el parque de la ciudad. "No dependeré de nadie en mi vejez", rumoreaba a veces por la casa. Él nunca leyó un libro, y las piruetas literarias del nuevo prospecto le eran indiferente.


El premio fue para el escritor como si hubiera topado el zenit, y no el inicio de un reto. Su descenso literario fue menos vertiginoso, casi con paracaídas; y las musas, ah las musas, ya sin fósforo ni mecha que encender, lo vieron -con lágrimas- cerrar sus libros y pasar a depender de los gobiernos de turno.


Esos fueron sus mejores años de “revolucionario”: se puso a luchar -igual que antes “los viejos”- por un espacio que él creyó merecer, guiado por esa torpe creencia de ser el heredero de la cultura y que es deber del estado ocuparse de sus "genios"; pero, ¿quién les hizo creer que espacio alguno les pertenece en esa cocina de brujas que es la Casa de Cultura?


De pronto una voz les susurra a los oídos: “Eres artista. Muestra tu imagen de fustigador, de rebelde, pero no muerdas la mano de quien te da el pan”.


Es la voz de los patricios romanos, de los mecenas en la Edad Media; es la voz del estado que, como la Medusa tiene mil cabezas con serpientes y ojos que vuelven estatua a quien los mira. La historia nos muestra que pocos artistas fueron capaces de superar esa sumisión espiritual y llegaron a ser los grandes renovadores del arte. Eran genios, y ante ello los protectores aceptaron su inferioridad e inclinaron las cabezas; aunque, no todos corrieron la misma suerte: la iglesia no perdono a Galileo Galilei.


Mi padre murió hace 21 años, bajo los efectos del alcohol. Y el escritor, uno de nuestros inmortales, que soñaba con publicar una docena de libros y luego cosechar fama y dinero de cara a una vejez sin sobresaltos morales o económicos, hace poco se jubiló de trabajador público; mientras sus escritores preferidos

viven en New York o en Londres. 

 

Freitag, 16. August 2013

PALABRAS


Texto de Rafael M. Arteaga

Angkor Wat, Siem Reap, Cambodia.


El caminante lleva palabras,
sólo palabras
que en el transcurso del camino
ya no le dicen nada.
El caminante es feliz cuando ve a su hijo
en manos de la partera,
o cuando vuelve a casa
y entre el bullicio de los niños,
se sienta a la mesa
para compartir el pan
de tierras lejanas.

El caminante sabe que el tiempo
es fuego, no cenizas,
que la sublime realización de la muerte
tiene lugar en el olvido de sí misma;
y por tanto él –en medio del camino-
busca y acepta su instante,
aunque a sus pasos los cubra el polvo
y en ese lapso el universo
no haya cambiado tanto,
como su rostro.


Freitag, 26. Juli 2013

Como si fuera un bistec


-¡Canibalismo, simple canibalismo!- Vociferé en medio del restaurante; por fortuna, nadie entendía inglés y la gente en tales sitios grita a su gusto durante las comidas, donde es normal las sonoras carcajadas, el sorber los tallarines y la sopa.


¿Cuánto tiene que ver la política de estado de un niño por matrimonio, y quienes sobrepasen la regla son castigados con penas económicas imposibles de pagar la gente sencilla, con cárcel y la separación del recién nacido de la madre?

-Sí.- Oí de pronto su respuesta, que yo no supe si seguir comiendo mi sopa (¡y sí que la saboreaba hasta entonces!), o hacer una pausa para sofocar ese instante con un poco de té. Me decidí por lo segundo. De ningún modo era mi intención acusarle de algo que en Occidente la sola idea de comer escorpiones, o saltamontes es repugnante, peor fetos humanos en salsa de soya, acompañado de vegetales y carne de pollo. Él tampoco debió sentir algún remordimiento, porque –luego de tales ideas en mi cabeza- al alzar la mirada, descubrí que seguía disfrutando la comida. El fuego bajo el tazón estaba cerca de extinguirse y las verduras con el pescado estaban en su punto.  Wang Shang tomó el cucharón y puso más sopa en su plato; en tanto yo, restablecido al fin tras su respuesta, se me ocurrió atizar de nuevo nuestro diálogo: 

-Y eso… ¿A qué sabe?-Pregunté, sin alzar el tono para esconder mi repugnancia.

-Si pides pato a la pekinesa, ¿a qué va a saber?
Estaba claro que nuestra educación y costumbres en asunto de comidas eran diferentes. No había para qué seguir insistiendo en este asunto, y menos cuando él estaba convencido de que ello era lo más normal en su mundo. Entonces añadió:

-He comido ello tras hablar con el dueño del restaurante y de esperar varios meses. ¿Dónde? Si quieres un día vamos a visitarle…

-Noooo!- Grité al instante, que los comensales a nuestro alrededor volvieron sus miradas. Wang Shang sonrió.

-Es una delicatesen. Es un plato del que la gente de aquí habla mucho y por tanto nuestra mente, nuestro paladar está preparado para ello. Fui allá –una noche- con un grupo de cinco amigos...

Pero yo no quise saber detalles, así que le interrumpí con uno de los argumentos locales (de acuerdo a la prensa Occidental) para pedir tal menú: 

-Dicen que es bueno para la potencia sexual…-Mi sonrisa era insípida.
-El viagra fue un invento chino, no lo olvides-. Aseveró, mientras ponía con los palillos más verduras en su plato de porcelana.
  
-¡Canibalismo, simple canibalismo!- Vociferé en medio del restaurante; por fortuna, nadie entendía inglés y la gente en tales sitios grita a su gusto durante las comidas, donde es normal las sonoras carcajadas, el sorber los tallarines y la sopa. A nadie parece incomodar (solo a los extranjeros), el masticar con la boca abierta, de vez en cuando meterse el dedo en la nariz, las ruidosas carrasperas antes de escupir la flema, fumar en pleno comedor, sin prestar atención a niños o a mujeres. Más allá de comer burro o culebra (tal vez se deba a la habilidad de los cocineros con los aliños y los acompañados, pero tienen sabor agradable, debo decirlo) o de si la carne de perro (que también me agrada, pero la sazón de cierto comedor en los alrededores de Seúl) ayuda a soportar la crueldad del invierno en el norte de China, o a mitigar el insoportable verano en las costas del sur, mi razón no admite que alguien pueda servirse un feto, como si se tratara de un bistec, cuando hay tantas cosas para saciar el hambre. 

Wang Shang me miraba, siguiendo -tal vez- la línea de mis pensamientos para conocerme un poco más; o quién sabe, ajeno a mi conflicto interior, disfrutando –ahora- del té, mientras limpiaba con un palillo sus dientes. Doctores, enfermeras de hospitales públicos y dueños de restoranes  están involucrados en este negocio. Ignoro si es nuevo, o si es una tradición de larga data. ¿Cuánto cuesta un feto -con fines gastronómicos- en el hospital? 200 a 300 dólares (es lo que he leído).  ¿Cuál es el porcentaje para la madre y cuánto para la gente del centro de salud? ¿Cuál es el precio de la sopa? ¿Cuánto tiene que ver la política de estado de un niño por matrimonio, y quienes sobrepasen la regla son castigados con penas económicas imposibles de pagar la gente sencilla, con cárcel y la separación del recién nacido de la madre?

-Las costumbres de cada región son diferentes y hay que respetarlas, incluso si de ningún modo son similares a nuestra manera de pensar y de concebir la vida. Muchos habitantes del Tibet en pleno siglo XXI no entierran a sus muertos, ellos tienen un deshuesador, una especie de carnicero que desuella los cadáveres con un gran cuchillo y sus carnes-gramo tras gramo- las arroja a las aves de carroña; luego de varios días recoge sus huesos blancos y los entrega a sus familiares para que se ocupen de ellos.  Para el mundo occidental  ello no está bien, pues los muertos deben ir al cementerio y descomponerse allí. O echarlos al fuego, simplemente, y guardar sus cenizas en una urna; pero, entonces los tibetanos se preguntan, ¿por qué se tiene que chamuscar a los muertos hasta reducirlos a cenizas, o por qué los cadáveres deber ser sepultados enteros?

-Supongo que cada pueblo tiene sus ideas de la muerte…
-En la “civilizada” Europa, en épocas no muy lejanas, hablo de finales del siglo XIX, el canibalismo era más frecuente de lo que hoy pensamos. En algunos pueblos de América, tú mismo me has contado, hasta mediados del siglo anterior, hubo casos de antropofagia, cuando se descubrió que la fritada (el plato típico de tu pueblo) se la hacía con carne humana...

-Fue durante mi adolescencia….
-Un caso muy bullado entre ustedes, pero desconocido para el resto del mundo. 

-Recuerdo que se acabó de inaugurar un tramo de la Panamericana, la carretera que une a Ecuador con las naciones vecinas. Mi padre solía “escaparse”  a la fonda de doña Jesusa, ubicada a pocos kilómetros del pueblo, justo a la vera del camino. Era un sitio para comer, amenizar con mujeres jóvenes y embriagarse con ellas hasta perder la razón, sin preocuparse del tiempo, de los comentarios mordaces de la gente y del dinero, porque –según dijo mi padre- el crédito era bien venido. Lo frecuentaban taxistas, hombres solos (por quienes nadie preguntaba si desaparecían), esposos aburridos de sus hogares, los nuevos ricos de la industria de aquel entonces: la caña de azúcar (hoy son los tejidos). El negocio debió ir sobre ruedas, de no ser porque el cocinero un día olvidó un detalle: alguien descubrió en su comida –las carnes azadas servidas con papas y salsa de ají- un dedo humano con su uña. El caso fue denunciado a las autoridades y éstas, al inspeccionar la fonda, descubrieron que en su cocina se faenaba personas. 

Igual ocurió en Otavalo; ciudad donde hoy viven mis hijos. Hace cuatro décadas, cuando el camino a Quito aún se lo hacía por las lagunas de Mojanda, una familia  de apellido Remache tenía su fonda en medio de las montañas. Era un sitio de descanso obligado para choferes y pasajeros. En la ciudad había noticias de desaparecidos, pero nadie imaginó que éstos habían terminado en las gigantescas pailas de la fritada que se vendía a los transeúntes de camino a Quito o viceversa. Fueron sorprendidos por las autoridades y llevados a la cárcel, no así sus hijos menores, quienes tuvieron que cambiar de ciudad y de apellido para no ser molestados por los habitantes de Otavalo. Entonces pasaron a llamarse Viñiachi. 

-Y, entonces, -me preguntó Wang Shang, desafiante- ¿Cuál es tu problema con la comida? Aquí hay quien piensa que la sopa de embrión les ayudar a mantenerse sanos. ¿Quién podrá hacerles creer lo contrario? ¿Ustedes, que hasta hace poco hicieron lo mismo? ¿Ustedes que usan la placenta de sus hijos recién nacidos en cremas faciales para evitar las arrugas? Nosotros creemos que comer perro en los días insoportables del verano nos ayuda a sentirnos mejor. Y que la culebra en nuestras barrigas nos acerca al dios dragón. Y el gato (porque ya no hay tigre ni selvas) nos ayuda a adquirir la vitalidad y potencia sexual del felino que domina las selvas; por ello aquí comemos dos o tres carnes juntas de acuerdo a lo que creemos son las cualidades del animal: culebra=dragón +gato= tigre +pollo=el águila. 

Mi amigo empezó a disfrutar del momento sagrado del vicio. Supongo que él esperaba aun más de mí, pero no dije nada. El ruido de los clientes y el humo de otros fumadores en el local se volvieron insoportables, que no tuve más opción que pedir la cuenta; pero él se había adelantado a ello. Una jovencita con pantalón negro y chaqueta roja se acercó con la factura y, ni bien la puso sobre la mesa, Wang Shang la tomó consigo, sin darme tiempo a extender mi mano siquiera. En China los amigos aún se pelean por pagar la factura. Yo no insistí, aunque hice un pequeño amague, mientras anunciaba: ¡La próxima es mía! En Europa yo me habría hecho cargo de la propina entonces, pero aquí ello es considerado una humillación. Nos incorporamos y, al abandonar el local, las tres jovencitas, con sus vestidos largos de seda, se inclinaron de nuevo a nuestro paso, para agradecer en coro la visita. 

Otra vez en las calles de Guangzhou en época de vacaciones: ¡Bienvenidos al infierno!