Dienstag, 16. März 2010

TIEMPOS "DE REVOLUCION GLOBAL"

Concentración del 15.04.2010 en el  Democracy Monument, en la Rajadamnoen Av.

Los Red T’shirts saben que son numerosos y, por ello, fuertes. Han venido a Bangkok con un objetivo, sin importarles dormir sobre el asfalto, estar de pie bajo un sol insoportable gritando sus consignas, o lejos de sus hogares. Si lo consiguen o no, todavía es temprano para saberlo, y depende de la habilidad que tenga el gobierno para superar o ahogarse en esta prueba.
Las condiciones para un eventual crecimiento de hostilidades son ideales, debido al clima de inseguridad que se respira al interior de la casa de gobierno y al respaldo y simpatías a los "camisetas rojas" desde varios sectores que quieren un cambio de timón, de capitán en el barco, y están convencidos que Mr. Thaksin es la mejor opción para acabar con la descomposición social en la que el reino se halla desde inicios de siglo. Tampoco hay otra figura relevante en el horizonte político actual que pueda hacer contrapeso -o ponga en peligro el avance triunfal de su líder. 

Los “visitantes” han amenazado para hoy con cerrar las carreteras del país, las rutas más importantes de la ciudad, la toma de ciertas instituciones públicas y en pocos días, los aeropuertos y vías marítimas. Es un choque de trenes y aquí para su éxito dependerá también de la capacidad de organización y resistencia de los manifestantes; algo que ya hemos vivido en Ecuador algunas veces; por ejemplo, cuando los movimientos indígenas llegaron hace una década a de Quito para presionar la renuncia de Jamil Mahuad, o cinco años después, la caída del coronel Gutiérrez.

Todavía recuerdo las preguntas entre amigos. ¿Cómo puede un movimiento social disponer de tantos recursos económicos para cubrir la logística que tal desplazamiento y permanencia exige para estos casos? Indagábamos al ver sobre la hierba del Parque del Arbolito y en los patios de la Universidad de la Salle, agua, carpas para pernoctar, camiones con comestibles suficientes para una semana, ropa para las madres que vinieron con sus hijos de pecho a tomarse las calles de Quito, y hasta alcohol para los hombres que, envalentonados y amanecidos, fueron a asaltar el congreso nacional para formar aquel triunvirato fugaz, compuesto por militares e indígenas en el 2001. ¿De dónde tanta belleza? Los acontecimientos han trascurrido uno tras otro de modo vertiginoso, que es difícil permanecer detenidos allí y frente a ello no queda más recurso que la memoria.

Las arengas políticas de los lideres a sus seguidores son continuas, previo a un desfile de celebridades de la farándula nacional.

Quién habría de sospechar que las respuestas las encontraría muchos años después en un país extranjero; donde, debido a mi estadía obligada -mientras permanecen cerrados los aeropuertos- he tenido tiempo para hurgar, preguntar, mezclarme con su gente, hasta entender como fue organizada la marcha. La respuesta es sencilla: los grupos económicos fuera del gobierno han decidido unirse en una cruzada común para ahogar al actual régimen y formar ellos otro a su medida, utilizando la figura de su líder Mr. Thaksin, un hombre sublimado por los medios (en manos de tales grupos) hasta crear en la gente la convicción de que él es víctima de una persecución injusta por el hecho de haber trabajado por los más pobres del reino durante su tiempo de Premier de Tailandia. Durante el 2001 al 2006  hubo comida gratis, uniformes escolares, cuadernos, bonos de pobreza, subsidios y créditos que nunca se cobraron...

Su imagen de gran benefactor se ha extendido a otros sectores de la sociedad gracias a una estrategia bien planificada desde el interior del partido de cara a un gran objetivo: volver a la casa de gobierno por la puerta grande a través de elecciones, luego de cuatro años de estar fuera de las grandes decisiones del país.  He visto en las calles mucha gente con camisetas rojas y ello es una prueba del gran nivel de aceptación que Mr. Thaksin tiene. Sus asesores escriben aquí los discursos y él los lee en vivo desde el exilio a través de gigantescas pantallas de televisión ubicadas en el centro de los mítines. A cada sector entrega su mensaje: no tocar la burocracia estatal, mejor sistema educativo y pagar salarios a tiempo a los maestros, incrementar las masas de desocupados a la producción, darles un seguro universal de salud y una jubilación digna a los ancianos que no pertenecen a empresa alguna. Los inválidos merecen una pensión mensual de por vida. Al sector productivo ofrece créditos frescos y a bajos intereses; aunque, en sitios alejados de la ciudad, cuando habla de ellos, los pone contra la pared y amenaza con nuevos impuestos que solo afectará a "los grandes".

La polarización de la sociedad entre "buenos" (los sectores tradicionalmente marginados a propósito por el poder central)  y "malos" (los sectores productivos)  es una  receta política con éxito aplicada hoy en muchos países para ganar elecciones.

La concentración es una Casa Abierta del partido de oposición, como si fuera un mercado gigantesco.

Los grupos de poder alineados tras la oposición no han escatimado  esfuerzo alguno para cumplir sus metas. Se han reunido para "invertir", tal es la visión empresarial que ellos manejan, en una causa común que, cumplido el objetivo, les devolverá pingues ganancias a sus bolsillos; por ello, no hay detalle que se les haya olvidado. Los manifestantes tienen el respaldo de guardias de seguridad propios: en caso de que la policía o ejército utilice la violencia para desalojarlos de sus concentraciones aprovechando las sombras, éstas serán las fuerzas de choque que irán a socorrerlos. Agua y comida se reparte en abundancia, aun entre los desconocidos. Las arengas de sus líderes son constantes desde el inmenso escenario plantado en el mismo Democracy Monument, en la Rajadamnoen Avenue.  Están organizados -al interior- con grados de superioridad. Sencillos personajes, cuyas camisetas rojas tienen lemas como Truth now! Revolution now! Change now! Democracy, controlan los movimientos de cada miembro, desde si grita, aplaude o bebe demasiado.

La calle fue un gigantesco mercado, la manifestación misma pareció hacer sido organizada con la idea de convertir la visita de los forasteros en una casa abierta del partido. La venta de celulares, cámaras de fotos, camisetas, ropa de marca, fue común. Hubo suficientes comestibles para miles de manifestantes apostados durante semanas en el pavimento. Cada mañana llegaban camiones con arroz, carne de pollo, verduras y frutas. Se cocinaba a vista de todos y eran largas filas para recibir tres comidas de la jornada. No faltó el café, y admito que tenía buen sabor -aunque demasiado azúcar para mi gusto. Ancianas, madres con hijos de seno, mendigos con sus perros, descansaban bajo las carpas, sobre el pavimento, después de "cada día de cruzada"; jóvenes universitarios vigilaban y recorrían en grupos las calles izando banderas rojas, los rostros cubiertos con pañuelos y puestos boinas negras, como los miembros del JRE, del MIR, o FRIU en Ecuador (los "brigadistas de la revolución", mejor conocidos como garroteros), los grupos de choque en Venezuela, o la fuerza internacional de apoyo al ex presidente Mel en Honduras.

Yo analizaba cada detalle, comparé lo ocurrido aquí con nuestro país y hasta imaginé posibles escenarios allá, si estas lecciones no eran tomadas en cuenta, o si las repetíamos con necedad. Por mi color de piel y rasgos asiáticos, pasé como uno más de ellos durante varios días, hasta que alguien descubrió mi origen al hablarme y yo, de modo instintivo, responder en inglés; mas no se molestaron en modo alguno con mi presencia, total la prensa internacional y miles de turistas varados en Bangkok debimos pasar allí muchos días. Lo jóvenes preguntaron en seguida mi procedencia. Al decirles Ecuador, ellos no sabían dónde estaba con exactitud en el mapa, pero igual gritaron con euforia el nombre (no de quien ustedes creen, que es tan insignificante en el circo político del mundo) de Chávez.

Tercer día de protesta. Los  "camisetas rojas" han ido a ducharse. Cientos de letrinas y duchas han sido distribuidas a lo largo del sitio de concentración.
 
Pero el levantamiento en el reino no provocará un choque de colosos, porque éstos, al final, terminarán pactando tras cortinas. Ellos saben que necesitan una Tailandia unida y productiva, lo que encaja bien en sus visiones de empresarios. ¿Y los manifestantes? Los que no son de aquí, no vienen gratis. Su trabajo consiste en hacer un grupo compacto y numeroso que asuste al régimen y se siente a negociar. En cuanto a las promesas de sus líderes, bueno...todo a su tiempo. Primero hay que ganar las elecciones y después vendrá la revolución.

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